Estamos a 07 de septiembre, el viernes pasado celebramos el cumpleaños de María, 36 años.
Lo celebramos en casa, de noche, una barbacoa para cenar en familia. Itziar terminó rendida de tamto jugar, y Olivia... Olivia es preciosa, mi pequeña Olivia.
El caso es que hace unas semanas que volvimos al trabajo después de un verano raro, playas lenas de gente con mascarillas, bares y restaurantes a medio gas, gente que si pero no, un veraneo de vuelta al pueblo y de no relacionarse con nadie, distancia social y gel hidroalcohólico en las manos cada 2 horas.
La vuelta está siendo igual de rara, la "nueva normalidad" se debería de llamar la extraña normalidad, la mascarilla es tan usual como los calcetines, en la calle ya nadie concibe no llevarla puesta, el gobierno de la comunidad de Madrid ha prohibido las reuniones de más de 10 personas. Vivimos con el miedo del coronavirus en el cuerpo, pero a la vez lo vamos naturalizando y haciendo algo normal.
En mi trabajo, actualmente trabajo en LOEWE como ingeniero de métodos, ya van 30 bajas por posible contagio, y esto acaba de comenzar.
Los niños están a unos días, algunos a unas horas, de comenzar las escuelas y aun apenas hay información y mucho menos una hoja de ruta. No se prevee un invierno tranquilo, al primer aviso de posible caso de Covid se cerrará el colegio y ¿qué harán los padres?
Todo esto para ustedes Itzar y Olivia será leer historia, pero para mi es el futuro. El mundo ha cambiado y lo seguirá haciendo, pero si esto no cambia habremos perdido gran parte de nuestra libertad, largos paseos de 5 horas caminando por el centro de Madrid o de Cádiz, por la playa o por Chiclana, ir a comer a un restaurante, ir a entrenar y hacer combate con un colega.
De momento me quedan mis guitarras y mi telescopio, dos actividades con amplia distancia social, y de manera de incógnito, el Jiu Jitsu brasileño, que como es una droga no hay manera de dejarlo.
Espero que el futuro sea más limpio y más azul que lo que nos venden a diario en los medios de comunicación, porque vosotras dos, Itzi y Oli, sois mi felicidad.
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