martes, 29 de septiembre de 2020

24 septiembre, la segunda ola

 Hola Itziar, hola Olivia. No sabemos por donde nos vienen los tiros, España está en medio de una tormenta económica y de salud y se zarandea como un cayuco cruzando el estrecho en invierno. Nosotros, vamos mamá, vosotras dos y yo continuamos con la inercia de las mascarillas, el gel hidroalcohólico cada poco y la distancia social. Pero el ciudadano medio está descuidando estos detalles, o eso parece según los datos.

El día a día es igual que hace un año, pero con detalles como las mascarillas, o como el hecho de oír a diario en las noticias como avanza el número de contagiados y el de fallecidos.

Madrid a vuelto a confinar por barrios, nosotros de momento no lo estamos, pero tal como está la cosa va a ser por poco tiempo. Además, no sé que pensar de las medidas de confinar una parte de una ciudad, tratar como ciudadanos de tercera, apestados, "no puede usted salir de su casa señor, es usted de Vallecas", cuando esta situación viene generada en parte por la diferencia de trato que se le ha dado a cada barrio. Mientras que el elegante barrio de Salamanca luce buenos colegios públicos y mejores centros de salud, se ha olvidado hacer lo mismo en otros, generando así una discriminación al ciudadano que le ha tocado residir en estos lugares. Y otra pata de este problema es el comportamiento individual de cada uno de nosotros. Cada vez que veo a gente que se pasa por los cojones las recomendaciones me entran ganas de verlo llorar por la repercusión que pueda ocasionar.

En los colegios vamos a la deriva, si ha comenzado hace dos semanas y ya Fabio y Marco se han quedado en casa por que un compañero a dado positivo. Nos va a tocar hacernos a la idea que la escuela como se conocía hasta ahora ha pasado a mejor vida, ahora toca implicación del niño y los padres, y no, no imposible, ya desde Newton, o en los periodos de las guerras, los niños estudiaron por libre o a distancia, pero eso si, poniendo muchas ganas de aprender. Quizá en la escuela sobren tonterías y falta más ansias de aprender. Me sobran asignaturas y me faltan horas a otras tantas, quizá falta que ansias y ganas de aprender y enseñar.

lunes, 7 de septiembre de 2020

07 de Septiembre. Un mar de dudas

Estamos a 07 de septiembre, el viernes pasado celebramos el cumpleaños de María, 36 años. 

Lo celebramos en casa, de noche, una barbacoa para cenar en familia. Itziar terminó rendida de tamto jugar, y Olivia... Olivia es preciosa, mi pequeña Olivia.

El caso es que hace unas semanas que volvimos al trabajo después de un verano raro, playas lenas de gente con mascarillas, bares y restaurantes a medio gas, gente que si pero no, un veraneo de vuelta al pueblo y de no relacionarse con nadie, distancia social y gel hidroalcohólico en las manos cada 2 horas.

 La vuelta está siendo igual de rara, la "nueva normalidad" se debería de llamar la extraña normalidad, la mascarilla es tan usual como los calcetines, en la calle ya nadie concibe no llevarla puesta, el gobierno de la comunidad de Madrid ha prohibido las reuniones de más de 10 personas. Vivimos con el miedo del coronavirus en el cuerpo, pero a la vez lo vamos naturalizando y haciendo algo normal.

En mi trabajo, actualmente trabajo en LOEWE como ingeniero de métodos, ya van 30 bajas por posible contagio, y esto acaba de comenzar.

Los niños están a unos días, algunos a unas horas, de comenzar las escuelas y aun apenas hay información y mucho menos una hoja de ruta. No se prevee un invierno tranquilo, al primer aviso de posible caso de Covid se cerrará el colegio y ¿qué harán los padres?

Todo esto para ustedes Itzar y Olivia será leer historia, pero para mi es el futuro. El mundo ha cambiado y lo seguirá haciendo, pero si esto no cambia habremos perdido gran parte de nuestra libertad, largos paseos de 5 horas caminando por el centro de Madrid o de Cádiz, por la playa o por Chiclana, ir a comer a un restaurante, ir a entrenar y hacer combate con un colega.

De momento me quedan mis guitarras y mi telescopio, dos actividades con amplia distancia social, y de manera de incógnito, el Jiu Jitsu brasileño, que como es una droga no hay manera de dejarlo.

Espero que el futuro sea más limpio y más azul que lo que nos venden a diario en los medios de comunicación, porque vosotras dos, Itzi y Oli, sois mi felicidad.